La historia sin cortes (La Capital – 22.12.13)

Publicado en Diario La Capital de Rosario

(Por Rosario Spina). _ En Los degolladores, Arturo Marinho indaga en una masacre perpetrada por el ejército de Mitre, a través de la búsqueda de Pablo Sandes, descendiente de uno de los protagonistas.

Hay una región en el pasado que tira pistas al presente. Hay indicios de la vida de los ancestros que pueden verse en la mirada de quienes nos miran. En Los degolladores. Un viaje hacia un pasado oscuro, Pablo Sandes excava la tierra como quien busca un tesoro que quizá luego no quisiera haber hallado. Ese tesoro tiene forma de verdad amarga. Eso que tanto buscamos no siempre será lo que queremos encontrar.

En la película, Pablo Sandes decide indagar sobre su parentesco con Ambrosio Sandes, un coronel identificado como el más sanguinario durante las guerras civiles del país, también conocido como el de las “56 heridas”. La historia cuenta que Sandes era un personaje siniestro. Para amedrentar, se fotografió con el torso desnudo: el orgullo de sus heridas a la vista, la mirada oscura, temeraria.

“Esta película en realidad es un ensayo —dice el director, Arturo Marinho (General Arenales, 1963)—. En general, trato de producir relatos que si bien no dejan de lado una forma de entretenimiento, me gusta usarlos como medio para expresar ideas, puntos de vista, cosmovisiones. Y Los degolladores tiene que ver con muchos puntos de interés míos. Esta búsqueda de los ancestros de Pablo Sandes es el vehículo para hablar del pasado del país, de sus contradicciones y de sus violencias. Me pareció que era un tema que a través de la historia de una persona iba a ser mucho más atractivo para el espectador.

Escrito con sangre

Una madrugada de noviembre de 1861, dos meses después de la batalla de Pavón, tropas del ejército de Mitre irrumpen en lo que es hoy la zona de Cañada de Gómez sobre los confederados que se retiraban hacia Entre Ríos. Sorprenden a alrededor de 600 hombres; más de 300 son asesinados a degüello. Uno de los principales responsables de esta matanza es el coronel Sandes.

—La película habla del coronel Sandes ¿Por qué, entonces, “Los degolladores”?

—La historia de Ambrosio Sandes es una historia de épica militar, valentía y heroísmo según quien la cuente. O es la historia de un genocida, una versión del siglo XIX de lo que también sucedió en los años 50 o en los 70: tropas militares que instauran bajo el terror un proyecto económico político y de destrucción de todo lo que sea el otro. Creo que ellos no solo han degollado personas sino que hay a lo largo del pasado argentino una suerte de degollamiento de la historia. Que no han sido sólo ellos sino que la historia que nos han contado tiene muchas verdades degolladas o no conocidas. La película cuenta ese pasado que no tuvo voz para ser contado y entonces se instauró otra verdad, la del ganador. La del vencido quedó enmudecida. Tendría que haberse llamado “Los degolladores de la historia argentina”, pero me pareció muy extenso. Es Sandes, Arredondo, Mitre, Sarmiento, Etchecolatz, Astiz, Videla. En ese título están representados todos los siniestros que nos han poblado. Y también tiene que ver con la verdad que no se revela porque le han cortado la cabeza.

—¿Como lograr ese paso del relato histórico al cine sin dejar de atrapar al espectador?

—Al trabajar con un relato histórico en el que la Historia tiene un peso importante en la trama, siempre el desafío es no terminar haciendo una película sobre un museo. Lo que busco es hacer funcionar la historia en el presente y escaparle a esa trampa de las cosas congeladas o didactizantes. Yo no explico nada, solo trato de establecer un pacto de revisar la historia a través de este relato personal. Hay una frase muy interesante de Juan Bautista Alberdi que funcionó como un elemento central al inicio: “Entre el pasado y el presente hay una afiliación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente”.

— Hay elementos muy significativos en la vida de Pablo Sandes en relación con su búsqueda: en una de las escenas viste como militar, colecciona sables, trabaja excavando la tierra…

—Lo fantástico del documental es cuando se cruza con la ficción. Cuando yo me encuentro con Pablo y él me cuenta que está trabajando en obras de cloacas, excavando la tierra en un barrio de inmigrantes alejado del Gran Buenos Aires, a mí me pareció impresionante. No quise dejar de ir a su lugar de trabajo porque para mí él estaba haciendo lo mismo con su pasado, estaba revolviendo en un lugar muy poco higiénico donde se reproducía de alguna manera el conflicto que había tenido su antepasado: él era un colonizador en un pueblo de extraños, de otros, nacionalmente hablando. Y todo eso me pareció un juego de grandes sorpresas muy potentes para el relato. Pero yo no pudiera haberlo escrito nunca desde la ficción, habría sido algo demasiado forzado. Él además pesca, y esto fue un elemento que también me sorprendió porque tiene que ver con sacar algo desconocido de una superficie que aparece como lisa u organizada. Muy relacionado con el tema de la búsqueda y la sorpresa de lo que te encontrás.

—¿Qué técnicas guían el relato?

—Hay un libro muy interesante de Ricardo Piglia, Crítica y ficción, en el que dice que sólo hay dos cosas que se pueden narrar: un crimen o un viaje. La idea fue estructurar el relato de la búsqueda como un relato de viaje. El viaje hacia afuera y el viaje interno.

—Una estructura de relato clásico: el viaje que transforma al protagonista, al héroe.

—Sí, una forma súper tradicional de contar algo. También tenía un componente muy fuerte la cuestión del tratamiento de las sombras y los dobles; hay muchas imágenes duplicadas por espejos. Todo eso es lo que hace a la historia y al relato. No todo es claro y no todo es oscuro. Hay un lugar intermedio en el que está el relato personal que también tiene que ver con la verdad: en la película no hay una verdad revelada ni tampoco la tiene el personaje. Además, a nivel narrativo, en muchos lugares también aparece la presencia de una mirada desde afuera. Como de un fantasma, que de alguna manera es su ancestro. Algo que alude a una mirada no humana, colocada en lugares extraños. Todo esto ayuda a crear una especie de relato microscópico de lo que podría ser, ampliada, la historia argentina. La historia que tenemos todos como nación.

El equipo

La ficha técnica de Los degolladores. Un viaje hacia un pasado oscuro incluye a Arturo Marinho (dirección, guión, cámara y edición); Sandra Martínez (producción); Fernando Romero (sonido); Santiago Zecca y Agustín Pagliuca (asistencia de sonido) y Adolfo Rozenfeld (motion graphics). La película contó con fondos y equipamiento de las productoras Digitalburo y Dfilms, luego obtuvo financiamiento del INCAA en la categoría Documentales Digitales 2011 y finalmente resultó ganadora en la convocatoria de Espacio Santafesino 2011. Marinho dirigió además las películas Detrás de la línea amarilla y El amansador.

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